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Tradicionalmente una boda comienza cuando el novio hace entrega a la novia del famoso anillo de compromiso. Estamos acostumbrados a ver esas pedidas de mano romanticonas en las películas americanas, en las que el novio de rodillas hace entrega del ansiado diamante mientras entre bonitas palabras pide matrimonio a su amada. La historia de este anillo es muy larga. Se trata de un símbolo de unión, una promesa de amor. Es una joya cargada de valor sentimental por lo que significa.

Los antiguos romanos entregaban a sus amadas un aro de hierro que simbolizaba la promesa de una vida juntos. Ellas lo debían conservar hasta que el matrimonio fuera una realidad. La alianza circular habla de un amor sin principio ni fin. Simboliza la eternidad. En la actualidad seguimos los pasos de la Roma antigua con algunos matices. Del aquel aro de hierro se ha llegado hasta el anillo de compromiso que vemos hoy en día. Un aro de oro o platino engalanado con un diamante.

El diamante es un símbolo de pureza y de poder. Simboliza un compromiso indestructible.  El anillo de compromiso, según la tradición, debe colocarse en el dedo anular izquierdo porque este dedo está conectado, a través de una vena, directamente con el corazón. Algunas historias cuentan que en el momento del matrimonio la alianza deberá acompañar al anillo de compromiso en el mismo dedo.

También se dice que el anillo de compromiso debe tener un coste específico en función del salario del novio. Pero esto es algo con poco fundamento puesto que lo que realmente importa de esta joya es su valor sentimental, su significado. El anillo de compromiso por excelencia es el solitario. Un aro de oro blanco o platino con un diamante solitario engarzado. Aunque el estilo de este anillo dependerá del novio, pudiendo elegir entre un sinfín de modelos.

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